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Sí, señor, la educación ante todo

En medio de la cascada de noticas derivadas de la situación de nuestra hermana república de Venezuela, con quienes estamos espiritualmente pendientes y rogando a la Divina Providencia que se llegue a una solución razonable, no podemos olvidar nuestro entorno inmediato ni la realidad colombiana.

Por esta razón, quiero resaltar las declaraciones del doctor Moisés Wasserman, uno de los 43 integrantes de la nueva Misión de Sabios del Bicentenario, en el reportaje que le hizo El Espectador(19/02/19).

En alguna columna leí que se le controvertía al doctor Wasserman su posición y su visión sobre los avances que el país ha tenido en educación, lo cual no significa, ni él lo afirmó, que estábamos bien. Simplemente tuvo la claridad de ver el vaso medio lleno y sobre la otra mitad que nos falta para tener una educación óptima invita a todo el mundo a comprometerse. A través de una grata sensación de optimismo y de realismo invita a que todos los estamentos políticos y gremios ubiquen la educación, de cero a siempre, como parte vital de los planes de desarrollo nacionales, departamentales y municipales.

Parecerían lugares comunes lo que dijo el doctor Moisés. Pero resulta que él no es un profesor universitario del montón, ni es un líder de momento, como tampoco tiene estampa farolera. De tal manera que lo que dijo, repitió y recalcó es algo que, por tomarse como un lugar común, los gobiernos no lo asumen como su verdadero propósito para mejorar la vida de los pueblos. Es necesario que un personaje de la categoría del doctor Wasserman lo diga y bien duro a ver si quienes están frente al diseño de las políticas de Estado lo tienen en cuenta.

Personalmente, creo todas y cada una de las afirmaciones del ilustre educador, que no es ningún improvisado. Su récord académico, su capacidad y su visión de futuro garantizan una luz muy clarita en la nueva Misión de Sabios del Bicentenario. Muy importante cuando expresa que lo más importante no es la infraestructura ni la tecnología, sino la persona del educador. Este concepto, en apariencia tan sencillo, es todo un reto para los gobiernos: nacional, departamentales y locales. Obviamente, es más espectacular dotar de equipos de computación y tabletas. En cambio, formar bien a los educadores significa revolucionar a las arcaicas facultades de educación.

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A la primera Misión no le pararon bolas, solo utilizaron el prestigio de sus integrantes para darse bombo, y luego los hicieron a un lado. Ellos formularon recomendaciones básicas y pautas para transformar la educación, pero eso no representa votos. Tenemos la firme convicción de que todas las personalidades, de la talla del doctor Moisés Wasserman, que hoy integran la nueva Misión de Sabios, volverán sobre las realidades básicas para aplicarlas a nuestra sociedad.

Fuente:elespectador.com

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