Relajo, liderazgo y situación país

Si los factores culturales se subestiman, pronto las nocivas consecuencias se harán evidentes y ratificarán algo muchas veces comprobado: la prevención siempre es menos costosa que la reacción

En el desarrollo de un encuentro informal entre profesionales de diversas disciplinas vinculadas a la protección de personas y organizaciones, uno de los temas de conversación, giró en torno a la cultura del relajo en Venezuela y a la expresión más frecuentemente utilizada ante una actitud irresponsable: “es la situación país”. Dichos términos para algunos, parecieran ser la justificación perfecta de todos los males del mundo, van desde las infidelidades hasta la corrupción, pasando por malas calificaciones académicas y el calentamiento global. En pocas palabras, da para todo. 

Si bien es innegable que Venezuela viene sufriendo las consecuencias de una serie de crisis, y para nada se trata de subestimar las consecuencias, por otra parte, no podemos por ello justificar acciones y comportamientos que contribuyen al desorden, el descontrol y hasta la anarquía. Día a día pueden identificarse iniciativas de ciudadanos que, a pesar de las adversidades, apuestan activamente al orden, al cumplimiento de las normas y al respeto de los derechos de los demás. 

Si lo vemos bajo la óptica de la protección, la cultura es uno de los componentes de la arquitectura de la seguridad, por tanto, sus variaciones y efectos sobre las organizaciones y comunidades debe ser seguida de cerca, ya que, como factor dinámico puede ser un valioso aliado o un potenciador del delito. Los comportamientos de los individuos pueden explicarse de cierta forma, por las percepciones que tienen de su entorno. Si en una organización la cultura del relajo consigue un nicho propicio, su crecimiento será acelerado ya que tiene la propiedad de reproducirse gracias a un factor que la alimenta: el modelaje negativo. 

El factor clave de éxito

Y es aquí donde entran en juego los líderes que desde diversos niveles tienen el poder de influir en los demás. En ese sentido el liderazgo tiene una propiedad democrática, ya que todos tienen la oportunidad de ser líderes, desde el funcionario público, hasta el estudiante, desde el gran empresario hasta el pequeño comerciante.

El factor clave de éxito reside en una actitud dirigida a servir, se trata de entender que el liderazgo en esencia es servicio. Cuando ese rol no está claro, entonces inicia el proceso de delegación múltiple, donde cada uno cree que debe ser el otro quien modele, sea ejemplo y cumpla las reglas básicas de convivencia ciudadana u organizacional. Quienes rodean a estos líderes observan que los comportamientos negativos se propagan sin consecuencias ni infracciones, dicho en otras palabras, en un ambiente de impunidad que se convierte en un poderoso incentivo y genera multiplicadores negativos. 

Si los factores culturales se subestiman, pronto las nocivas consecuencias se harán evidentes y ratificarán algo muchas veces comprobado: la prevención siempre es menos costosa que la reacción. Los cambios culturales hacia un comportamiento negativo pueden ser muy rápidos dependiendo del elemento que influye a ello y de las condiciones propicias que lo rodeen. Cuando el relajo se arraiga, se sufre un deterioro cultural y una mutación tal, que hasta lo que hace poco eran comportamientos impensablemente aceptables, pasan a ser normalizados e exigidos como derechos. Las consecuencias no pasan desapercibidas y son de efectos múltiples y casi inmediatos.

Abarcan el hurto de activos de la organización y de otros trabajadores, el incumplimiento de los horarios de trabajo, el irrespeto de las normas de comunicación y convivencia laboral y ciudadana, la multiplicación de eventos violentos, la caída en los indicadores de productividad y el deterioro de la reputación e imagen ante terceros, entre otros.

Grave vulnerabilidad

Hay quienes explican este comportamiento como algo innato de la cultura específica del venezolano, e incluso lo vinculan con lo que podría calificarse como una fatal frase condenatoria pronunciada en 1812 por el Generalísimo Francisco de Miranda “¡Bochinche, bochinche! ¡Esta gente no sabe sino hacer bochinche!”. Personalmente lo considero una simplicidad justificada en otra realidad histórica.

Opto por lo que me explicara personalmente el insigne intelectual Arturo Uslar Pietri, a finales de la década de los años setenta. Para él Venezuela tenía ya en ese entonces, una grave vulnerabilidad por la poca importancia que los líderes políticos y empresariales le daban a la ética, la moral, los valores y el cumplimiento de las normas. Este factor impactaba y aún hoy afecta, a las fortalezas que poseemos como nación. Por otra parte, consideraba que era posible retomar la senda del orden si se convertía en objetivo común a alcanzar por todos los ciudadanos, se trataba de un esfuerzo dirigido en una sola dirección. 

Depende de nosotros, resignarnos a la cultura del relajo, o iniciar el realizable camino a ser una experiencia de éxito para el mundo. Para ello, debemos tener la convicción de que es posible, que merecemos una mejor calidad de vida y, sobre todo, que es un deber a cumplir para las generaciones por venir. 

ayuncoza@gmail.com
@alfredoyuncoza

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