Plásticos: soluciones de entrecasa

Resulta un ejercicio escalofriante ir registrando mentalmente cuántas cosas de plástico utilizamos y desechamos cada día

A menudo percibimos los grandes problemas del planeta como asuntos ajenos a nosotros, subestimando la incidencia que, a favor o en contra de su solución, pueden tener cada uno de nuestros gestos cotidianos. 

El uso masivo del plástico en nuestra vida diaria ha desatado una crisis por todos conocida. Como tantas otras cosas, responde a las ventajas que ofrece el material: liviano, barato, transparente como el vidrio (y con ello, limpio) pero menos frágil, sin riesgo de desperdiciar el contenido en caso de un golpe ni peligro de heridas y cortes. Pero a pesar de todas estas cualidades, el plástico tiene una característica aterradora: no se descompone. Se va acumulando en cantidades que crecen exponencialmente y que ocasionan importantes daños a la Tierra. 

Entre 4,7 y 12,7 millones de toneladas de plásticos acaban en los océanos cada año, lo que supone el 80% de la contaminación de estos. Los pequeños trozos que se producen al fragmentarse los desechos son ingeridos por la fauna marina, lesionando a estos organismos y pasando a formar parte de la cadena alimenticia. 

Frente a esta situación, se plantean dos tipos de soluciones: aquellas centradas en el destino que se da a los desechos plásticos, en particular aquellos de un solo uso (bolsas, envases, botellas, pitillos…) y las que procuran disminuir la utilización de este material, fomentando medidas que estimulen a las empresas a utilizar productos con menor impacto medioambiental , como la disminución de impuestos, por ejemplo. 

El reciclaje y la reutilización requieren un sistema de acopio y clasificación previo . En la Unión Europea suele haber contenedores específicos para el vidrio, el papel, los envases de plástico y las latas. Algunos países, como Suiza, estipulan que cada bolsa de basura debe llevar una etiqueta autoadhesiva que es preciso comprar. Con ello se genera un ingreso destinado al reciclaje de la basura, y se estimula a que nadie utilice más bolsas de las necesarias, puesto que cada una debe llevar la correspondiente calcomanía. 

A pesar de ello, hasta ahora solo el 29,7% de los residuos plásticos ha logrado ser reciclado anualmente; el resto termina en vertederos o incinerado. 

Recientemente, dos iniciativas han venido a ofrecer una respuesta al problema. El pasado 8 de septiembre comenzó a utilizarse una tubería flotante de 600 metros de largo y una pantalla cónica de 3 metros de profundidad que arrastran los desechos que hay en el océano al desplazarse gracias a olas y corrientes. Se estima que un conjunto de 60 tuberías de este tipo podría eliminar en cinco años hasta el 50% de los residuos que conforman la gran isla de basura que contamina el Pacífico. Este sistema fue desarrollado por el holandés Boyan Slat, de 24 años de edad. 

La otra acción, desarrollada por tres jóvenes estudiantes argentinos a través de la Fundación Eco-Inclusión, consiste en producir ladrillos ecológicos a partir de las botellas de plástico desechadas, los cuales se donan a construcciones con impacto social, como bibliotecas comunitarias o salones de usos múltiples. 

También se han desarrollado bolsas de materiales solubles en agua o que incluyen ciertos almidones (yuca, papa…) para que sean biodegradables. 

Resulta un ejercicio escalofriante ir registrando mentalmente cuántas cosas de plástico utilizamos y desechamos cada día, y deberíamos plantearnos cómo reducir su uso a nivel doméstico. El solo hecho de tener un saco para ir a la compra, evitando el gasto de las bolsas del supermercado, supone un gesto que, multiplicado, tendría un impacto cuantificable. Se trata, en suma, de reducir desechos. Es urgente. 

fuente:eluniversal.com