Mujeres ganan espacios de decisión en Perú

En los años 90, en el Perú, ser mujer y oficial militar era una quimera. Ni se diga pilotear aviones o helicópteros. Esto lo sabía bien Anne Marie Block. Annie, para sus amigos, es hija de un General del Ejército peruano y siempre tuvo el sueño de vestir, también, el uniforme.

Eso la llevó a postularse para la primera promoción de cadetes femeninas de la Fuerza Aérea del Perú. Sus ojos azules se iluminan cuando recuerda sus años en la Escuela de Oficiales. Era el año 1998, mucho antes de que el enfoque de igualdad de género fuera tomado en cuenta como política de gobierno. Su pensamiento para derribar los muros que veía a su alrededor era simple: “Si mis compañeros hombres pueden, yo también puedo”.

Culminó satisfactoriamente no sólo su formación como oficial. Acostumbrada a ser pionera, también fue una de las primeras mujeres piloto del país. Recibir sus alas doradas fue un motivo más de orgullo, pues demostraba que las mujeres pueden ser exitosas en un ámbito hasta ese momento dominado por los hombres.

No sería la última vez que destacaría así. Ya en la vida civil, luego de retirarse de la Fuerza Aérea, se hizo cargo de las operaciones aerotransportadas de una importante empresa en el medio de la selva peruana.

Su personal, netamente masculino, la trataba de “señorita”. Un día la invitaron a jugar fulbito, esa versión en miniatura a la que son muy aficionados los peruanos y que se puede improvisar con un balón y dos piedritas como arcos. Para sorpresa de los empleados, ella dejó el montón de trabajo que tenía en el escritorio y se pasó la tarde jugando con sus muchachos. “Desde ese día —nos cuenta— me miraban con otra cara”.

Anne Marie cree que su experiencia como piloto militar, un mundo dominado por los hombres, y sus años en la selva peruana, la han ayudado a asumir el reto que hoy se le presenta: ser la country manager de Airbus, Space & Defense en Perú, la multinacional aeroespacial. El suyo es un caso de éxito que cada vez se replica con mayor frecuencia en Perú.

En cambio, María Isabel León asegura no haber sentido muros frente a sí, aunque sí tuvo que enfrentar la velada y educada indulgencia de sus pares varones. Esta destacada empresaria es nada menos que la presidenta de la Confederación de Instituciones Empresariales Privadas del Perú. La Confiep, el denominado “Gremio de gremios”, la agrupación de empresarios más poderosa del país, con gran influencia en los círculos de poder en la capital peruana.

“Cuando iba a las reuniones de directorio, muchos de ellos pensaban que iba a funcionar como secretaria. Por supuesto, con el tiempo se dieron cuenta de que no iba a ser así.” No sólo eso. Si bien reconoce que las mujeres han ganado espacios, aún no se siente satisfecha pues señala que sólo el 20% de las plazas en directorios de Confiep están ocupados por mujeres. “Y está demostrado, según diversos estudios, que cuando las mujeres entramos a las organizaciones generamos valor y cuando estamos en los directorios, la rentabilidad de las empresas mejora”.

No sólo se trata de la Confiep. La Cámara de Comercio de Lima tiene como presidenta a Yolanda Torriani. La Bolsa de Valores de Lima está en manos de Claudia Cooper. Y el Gobierno del presidente Martín Vizcarra ha sido el primero en la historia del país en nombrar un Gabinete nada menos que con 10 ministras mujeres y 9 ministros hombres. Las reformas que el Poder Ejecutivo está impulsando en el Congreso apuntan a que los cargos políticos de elección popular sean votados en listas paritarias y con alternancia entre hombres y mujeres. Sin embargo, y a pesar de esos innegables avances, el país atraviesa una nefasta realidad.

Según cifras del Ministerio de la Mujer, al cierre de este informe eran 105 los feminicidios entre enero y agosto de 2019. El año pasado, las cifras fueron de espanto: 149 mujeres fueron asesinadas por parejas, exparejas o acosadores. Son miles los casos de agresión sexual, física o psicológica que se denuncia a diario en las comisarías, en los Centros de Emergencia Mujer y en las oficinas de la Defensoría del Pueblo.

“Esta cultura machista que nos insulta, que nos pega, que nos mata, que nos ve por encima del hombro, aún la vemos de manera muy dura, sobre todo en zonas andinas, rurales, de selva”.

Esta preocupación de la Ministra de la Mujer, Gloria Montenegro, es en realidad parte de lo cotidiano en un país en el que los feminicidios son noticia casi cada semana. Ella está convencida de que la educación es la única solución visible para esta contradicción en un país en el que las mujeres ocupan puestos de decisión al mismo tiempo que los feminicidios y las agresiones engrosan las denuncias policiales y las páginas de los periódicos. En general, conquistar nuevos espacios y erradicar la violencia contra la mujer debe convertirse en un doble reto, prioritario para el país.

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