La geopolítica del petróleo en el siglo XXI: Una visión panorámica

La importancia del petróleo como fuente energética ha sido vinculada con el desarrollo de la civilización industrial moderna. Así como el oro y la plata sustentaron la acumulación mercantilista del sigo XVI, el petróleo se transformó en el soporte del desarrollo del capitalismo industrial desde finales del siglo XIX. Ha sido el epicentro desde el cual los Barones industriales diseñaron sus modelos de negocios. Rockefeller, los Nobel, Deterding, Samuel entre otros vislumbraron un nuevo mundo de crecimiento y confort que sería posible, gracias al petróleo. Más allá de las oficinas de las corporaciones, las estrategias por su manejo y control terminó comprometiendo a los Estados y sus intereses de dominación: guerras, revoluciones, armisticios, tratados, nuevas guerras, división del mundo, nuevos precios, en una vorágine que no ha cesado.

Los nuevos “ricos” del petróleo

Al principio, el negocio estuvo en manos de las corporaciones, que no solo manejaban precios y niveles de producción, refinación y exportación, además creaban nuevas aplicaciones y usos para el “oro negro”. Los países productores reaccionaron tardíamente en la defensa y protección de sus intereses. Cuando se funda la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en la Conferencia de Bagdad de 1960, los objetivos básicos que impulsan su creación estaban dirigidos a la coordinación de las políticas petroleras y la estabilización de los precios en los mercados internacionales.

A partir de la década de los 70, influenciados por el embargo petrolero árabe de 1973 y por la revolución islámica de Irán en 1979, los desequilibrios del mercado se acentúan y los precios comienzan una escalada que llega hasta mediados de los 80. En todo caso, la geopolítica petrolera se modifica, al otorgarle a los países productores un arma de negociación no conocida anteriormente.

De esta manera, la OPEP actuando coordinadamente, a semejanza de un Cartel, impuso su poder de mercado, derivado de su capacidad de producción, exportación y reservas, para influenciar de manera determinante la industria.

El antiguo control de las corporaciones y los intereses de las potencias industriales se ven retados por este nuevo y atípico Cartel.

El reto para la OPEP consistiría en mantener su estructura interna. La nueva riqueza proveniente de la revalorización de sus exportaciones, alimentan los ingresos de los países miembros y grandes sumas se comprometen con proyectos de variada índole. La avalancha de dólares no siempre termina produciendo resultados positivos y, emergen las contradicciones en el seno de la organización.

Los conflictos geoestratégicos de los países productores del Medio Oriente, particularmente el secular enfrentamiento entre Arabia Saudí e Irán por el control económico, político e ideológico de la región, las secuelas de la “Primavera Árabe” sobre Libia y Argelia y el agudo deterioro de la capacidad productora de Venezuela, destacan entre los elementos que han hecho perder “músculo” a una organización otrora poderosa. Hoy, se recurre a alianzas con nuevos socios Rusia fundamentalmente— para intentar mantener su vigencia.

Estados Unidos…la revolución del fracking

En este ciclo, Estados Unidos, ha sido un importador neto de petróleo, desde comienzos de la década de los 50 del siglo XX, según los datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE) (1). Su dependencia de los crudos importados ha condicionado su actuación en el escenario geoestratégico que se libra en torno al mercado petrolero.

La situación comienza a cambiar a partir del crecimiento de la producción de petróleo y gas natural no convencional, extraídos mediante la fracturación hidráulica o “fracking”. Esta técnica, ampliamente utilizada en las explotaciones de la Cuenca Pérmica, situada entre Texas y Nuevo México, ha forzado una reestructuración de la geografía y el mercado internacional del petróleo, afectando los precios del crudo.

 Luego de las primeras explotaciones experimentales hacia 2010, de la posterior depresión de la producción en 2014 con la caída de las cotizaciones internacionales, el panorama cambia a partir de 2017. Los volúmenes obtenidos por estas técnicas permiten a los EEUU ubicarse al frente de la producción mundial: 11.5 millones de b//d según la AIE en noviembre 2018. Se estima que pueda llegar durante 2019 a los 12,1 millones b/d (2). Esto supone, mayor independencia del crudo importado, logro geoestratégico de gran trascendencia.

En la práctica, los operadores de fracking han logrado mayor recuperación de cada pozo perforado, se espera en un futuro próximo con las innovaciones tecnológicas en marcha incrementar las conversiones, haciendo más rentable el negocio.

Durante el período 2020-2050, la EIA predice que Estados Unidos se mantendrá como principal productor y un exportador neto de energía (3)

El petróleo, seguirá siendo motivo de múltiples escenarios conflictivos. Es una batalla que mueve sórdidos intereses.

Notas:

1.EIA: Annual Energy Outlook 2019, con proyecciones a 2050

2. EIA: proyecciones

3. EIA datos nov, 2018

Rubén Orlando Noguera

Economista, profesor universitario

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