Hay 1.400 muertos víctimas de ébola

El segundo mayor brote de la historia se propagó de RD Congo a Uganda. Desconfianza y hostilidad se combinan.

Por Rodney Muhumuza, Karambi, Uganda

La furgoneta con el ataúd de la víctima del ébola finalmente llegó. Los familiares de la mujer se sintieron aliviados. Pero un pequeño grupo de jóvenes protestaba entre dientes con enojo.

Observaron cómo el equipo de enterramiento se colocaba cuidadosamente los trajes de protección, con ganas de iniciar una pelea. Tomaron la soga que se iba a utilizar para introducir el cajón en la tumba y la usaron como barrera para impedir el avance de la furgoneta. Uno empuñó un palo. 

El equipo de enterramiento se pone trajes especiales. / AP

El equipo de enterramiento se pone trajes especiales. / AP

“No se van de acá si no entierran el ataúd y llenan todo de tierra”, dijo este, temeroso de contagiarse.

El segundo mayor brote de ébola de la historia se propagó esta semana del este de RD Congo a Uganda, y el enfrentamiento mientras se enterraba a la primera víctima a última hora del jueves fue una muestra de la resistencia de la comunidad que los equipos sanitarios enfrentan desde hace meses en la cercana frontera.

Más de 1.400 personas han muerto desde que se declaró el brote en agosto, y la respuesta se ha visto obstaculizada por la desinformación y el temor en una región que nunca antes se había enfrentado al ébola. Los trabajadores sanitarios ugandeses desde hacía mucho se habían preparado para organizar una respuesta a gran escala si el virus lograba entrar pese a los chequeos médicos que se practicaban en los puestos de frontera. Esta semana, lo hizo.

Una familia expuesta al ébola mientras estaba de viaje en RD Congo volvió a casa por un sendero no vigilado. Algunos miembros ya mostraban síntomas. Para cuando las autoridades ugandesas que habían sido alertadas por sus colegas congoleños los encontraron, un nene de 5 años estaba vomitando sangre. Fue el primero en morir.

Su abuela de 50 años, identificada por un familiar como Agnes Mbambu, fue la siguiente. Cuando ya sangraba, fue directo a un hospital local al volver a Uganda, dijeron familiares y funcionarios de salud. El jueves a la mañana, los funcionarios ugandeses confirmaron su muerte.

Aldeanos miran de lejo la llegada del cuerpo de una víctima de ébola de 5 años. / AP

Aldeanos miran de lejo la llegada del cuerpo de una víctima de ébola de 5 años. / AP

Su entierro llevó todo el día y parte de la noche en tanto los trabajadores sanitarios reunían los medios para llevarlo a cabo de manera segura. El ébola puede propagarse rápidamente a través del contacto estrecho con los fluidos corporales de los infectados. La necesidad de entierros seguros choca con la costumbre tradicional de lavar y vestir el cuerpo de los seres queridos. En RD Congo, eso ha causado problemas.

Sin embargo, el jueves en el pueblo de Karambi, las tensiones surgieron por la espera. Hombres apesadumbrados estaban sentados en sillas de madera en el recinto de un familiar. Cinco mujeres, plañideras profesionales, descansaban sobre el pasto. Pero al llegar el crepúsculo, no había señales del equipo de enterramiento, aun cuando las autoridades ugandesas horas antes habían emitido un comunicado para decir que la mujer ya estaba enterrada. La idea de un funeral nocturno les resultaba escandalosa.

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