Aranceles y guerra comercial

En el contexto del comercio internacional, los países acostumbran a utilizar en determinadas circunstancias, algunos instrumentos restrictivos, con la finalidad de lograr objetivos económicos y­/o políticos.  Del conjunto de esos instrumentos, los aranceles ò Derechos Aduaneros, son los que generan mayor controversia.

Un arancel es un tributo o impuesto aplicado a las importaciones realizadas por un   país. Generalmente, se aplican de manera específica, como un cargo fijo por unidad de producto importado, particularmente sobre productos estandarizados. O Ad valorem, como proporción del valor del producto importado, muy común sobre las manufacturas.

Los objetivos que se persiguen con estas aplicaciones oscilan desde la búsqueda de protección a la producción nacional en áreas consideradas cruciales, por problemas vinculadas a la balanza de pagos, hasta la recaudación de ingresos adicionales para los gobiernos. En algunos casos, no muy recurrentes, se puede gravar las exportaciones, normalmente por razones políticas o de seguridad económica. En cualquier caso, la aplicación arancelaria terminará produciendo efectos sobre la relación de intercambio de un país con el extranjero.

En términos de Economía Internacional, la medición de la aplicación de este tipo de medidas debe estar supeditada a los efectos que ellas generan sobre indicadores básicos de la economía de un país, particularmente producción y consumo. Los mismos se determinan por la diferencia entre los precios que pagan los consumidores y los ingresos generados a los productores. De esta manera, los argumentos sobre medidas estratégicas de comercio en las recientes teorías del comercio internacional presentan justificaciones para la intervención de los gobiernos con este tipo de mecanismos, al margen de lo establecido en las teorías que se originaron a partir del pensamiento liberal de los economistas clásicos.

Los aranceles han sido aplicados desde la economía preindustrial. Potencias coloniales como Inglaterra y España los usaban para favorecer la relación de intercambio con sus colonias. Con el advenimiento de la revolución industrial en el siglo XVIII, las naciones industriales recurrieron a los mismos para proteger sus nacientes industrias, a pesar de pregonar el libre comercio.

 A lo largo del tiempo, el uso de los aranceles como mecanismo de recaudación ha venido disminuyendo en las naciones industrializadas; por ejemplo, en 1900 en Estados Unidos los ingresos percibidos por esta vía constituían el 41% de la suma total de sus recaudaciones. Para 2004, la cifra obtenida llegaba al 1,1%. En ese mismo año en otros países las cifras eran de: 1,2% en Canadá, 1% para el Reino Unido, 1,2% Japón. (FMI: Yearbook, 2005)

Cuando se crea el GATT (General Agreement on Tariffs an Trade) en 1948, como uno de los tratados de la Conferencia de Bretton Woods, se pretendía establecer un acuerdo que negociara los fundamentos para un código de conducta de comercio internacional sin trabas, y el logro de mecanismos que permitieran paulatinos convenios para las reducciones arancelarias. En su octava ronda de negociaciones, conocida como Ronda Uruguay, iniciada en 1986, y culminada en 1993, se crea la Organización Mundial de Comercio, que entre sus objetivos pretende liberalizar al máximo el comercio internacional.

El propósito de las políticas de protección debería estar sustentado en el logro de mayor autosuficiencia de las industrias nacionales, pero sus aplicaciones, pueden terminar afectando consumo, empleo y producción, sobre todo por la interrelación de las cadenas globales de producción y distribución en la economía global. Los economistas piensan que su uso reiterado reduce la eficiencia de la economía mundial y alientan las tendencias proteccionistas.

Donald Trump y la guerra arancelaria

Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la política comercial de Estados Unidos empezó a sufrir modificaciones, porque al considerar el sr. Trump que el déficit comercial de esa nación es generado fundamentalmente por su desfavorable relación de intercambio con China, México y la Unión Europea, los asesores del gobierno han desmontado décadas de ortodoxia comercial, para echar mano del manejo arancelario, con el fin de forzar concesiones de estos países.  Se trata, como lo plantea Jeffrey Frankel de “un recurso lamentable pero temporal, y un medio necesario para un fin estratégico” (J.Frankel: El Costo real de las tarifas de Trump. Project Syndicate. 23 mayo 2019).

Al responder China con la misma medida, ha desencadenado una guerra comercial que, hasta el momento, ha afectado a sectores de la economía tanto en Estados Unidos como en China y otros países, con muy pocos ganadores a la vista.

Las medidas de Trump, si bien no suprimen el comercio, establecen una modificación sustancial en los protocolos comerciales globales usados hasta el momento, afectando aquellos de gran envergadura, algunos de los cuales han sido forzados a modificaciones bajo presión (caso NAFTA). Se privilegia la relación directa con los adversarios comerciales, con el arsenal arancelario disponible para cualquier eventualidad.

 El acuerdo migratorio recién logrado con México estuvo acompañado de la amenaza de aplicación de aranceles contra las exportaciones mexicanas. Un logro político alcanzado, bajo chantaje e intimidación.

En la medida que se aproxime la campaña presidencial de 2020, y con ella la posible reelección del sr. Trump, surgirá un nuevo “adversario” a quién intimidar con los “misiles” arancelarios.

Rubèn Orlando Noguera

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