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La NASA descubre anillo de polvo en el Sistema Solar

El Sistema Solar es mucho más que el Sol y sus ocho planetas (aquí puedes leer sobre el tamaño que tiene o sobre por qué es una hélice en movimiento). Por lo que sabemos hasta ahora, hay ocho planetas,cinco planetas enanos (aunque se cree que podría haber cientos en el cinturón de Kuiper).

Se han contado 19 lunas grandes y redondas, 185 más pequeñas, 4.000 cometas y casi 779.000 pequeños objetos, mayores que un asteroide o un cometa pero menores a un planeta enano. Y, además de todo esto, el Sistema Solar está hecho de algo muy familiar en nuestros hogares: polvo. Eso sí, un polvo procedente de los impactos de asteroides, cometas y planetesimales que tuvieron lugar durante la formación del Sistema Solar, hace 4.600 millones de años, y que se encuentra en la órbita de planetas como la Tierra y Venus.

Dos estudios publicados recientemente, y realizados por científicos de la NASA, han revelado dos llamativos aspectos del polvo del Sistema Solar. Uno, publicado en noviembre de 2018 en la revista The Astrophysical Journal, reveló la existencia de un anillo de polvo alrededor del Sol y en la órbita de Mercurio. Por otro lado, un estudio publicado el pasado martes, y publicado en The Astrophysical Journal Letters, identificó el posible origen del anillo de polvo que se encuentra en la órbita de Venus: ni más ni menos que un grupo de asteroides que nunca hasta ahora se habrían detectado y que seguirían al planeta en su órbita.

Un anillo en la órbita de Mercurio

Guillermo Stenborg y Russell Howard, investigadores en el Laboratorio de Investigación Naval de Washington D.C. (EE.UU.), han presentado evidencias de la presencia de una fina neblina de polvo cósmico de 15 millones de kilómetros de ancho, en la que el planeta Mercurio, de apenas 4.800 kilómetros de diámetro, «flota» en su eterno viaje alrededor del Sol.

Los investigadores hicieron esta detección gracias a un modelo elaborado por ellos a partir de imágenes captadas por STEREO (Solar and Terrestrial Relations Observatory), un par de satélites situados en la órbita de la Tierra y que toman imágenes del Sol desde dos puntos diferentes. Dieron con una forma de averiguar cuánto polvo hay en esa región gracias sus trabajos previos, que se centraban en reducir la contaminación lumínica provocada por el polvo espacial para captar la luz de la corona, la capa más externa del Sol, y que es 100 veces menos brillante.

De este modo descubrieron que en la órbita de Mercurio existe una región en la que hay más polvo del que se esperaba. «No es algo aislado», ha dicho Howard en un comunicado. «Alrededor del Sol, sin importar la posición de la nave, pudimos ver el mismo incremento del cinco por ciento en el brillo o densidad del polvo. Esto indica que hay algo ahí, y que se extiende alrededor del Sol».

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Hasta ahora, se había dado por sentado que Mercurio era demasiado pequeño y que estaba demasiado cerca del Sol como para capturar un anillo de polvo, sin que el viento solar o el magnetismo lo dispersara.

Ahora, gracias al modelo desarrollado, los investigadores tienen nuevas herramientas para aprovechar las observaciones de la sondaParker Solar Probe. Una de las cosas que se podría hacer es buscar la región en la que el Sol ha limpiado el polvo del entorno, lo que dice mucho sobre la composición y origen de estas partículas.

¿Nuevos asteroides en Venus?

Además de esto, los investigadores Marc Kuchner y Petr Pokorny han sugerido un modo de resolver un antiguo enigma: el de saber de dónde procede el anillo de polvo de la órbita de Venus. Estos científicos han elaborado un modelo que les ha llevado a concluir que este procede de un grupo de asteroides que siguen al planeta en su órbita y que aún no han sido detectados.

«Creo que lo más interesante de este resultado es que sugiere la existencia de una población que tiene pistas sobre cómo se formó el Sistema Solar», ha dicho Kuchner. De hecho, con las herramientas adecuadas, estos asteroides aportarían indicios sobre la historia del Sistema Solar y su evolución química, tal como ha apuntado Kuchner.

El anillo de Venus es mayor que el de Mercurio. Tiene una altura de 26 millones de kilómetros y una extensión de 9,7 millones. Se cree que es un 10 por ciento más denso en el anillo que en el espacio de alrededor, y que sus granos tienen un tamaño comparable a los de un papel de lija.

En su investigación, los autores tuvieron que justificar la existencia de un grupo de asteroides en una situación, en la órbita, que se conoce como resonancia. La opción más plausible que encontraron Kuchner y Pokorny es aquella en la que dichos asteroides están ahí desde el nacimiento del Sistema Solar. A la vista de lo reproducido en su modelo, es posible que allí exista un puñado de rocas cuyos impactos habrían creado la banda de polvo que forma el anillo de polvo de Venus. Lo próximo será echar un vistazo para comprobarlo, con telescopios como el Hubble.

Fuente: abc.es

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