Amarú Vanegas: «La poesía es el silencio en sí mismo»

Vanegas, ingeniero, poeta y actriz, ganó el premio de Poesía Alfonsina Storni con su libro «Añil»

Amarú Vanegas es una mujer polifacética: ingeniero, poeta y actriz. Desde niña, su padre la inició en el hábito de la lectura y así descubrió la poesía: «Entre los 10 y 11 años encontré en la biblioteca a Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño, Sylvia Plath y Ramos Sucre.

Empecé a sentir que la poesía era un misterio y que esos poemas no debía contárselos a papá, al igual que la novela de Anaïs Nin, El delta de Venus, que él tenía escondida con otros libros prohibidos. Para ese entonces escribía poemas confusos, perturbadores. Estaba buscando un lugar en mi universo interior». 

-¿Hasta qué punto su poesía se alimenta de la actuación y su actuación de la poesía?  

La poesía tiene vida propia, es un ente que respira, se alimenta, crece, sufre y se enamora. Nos engañamos al pensar que es inocente. La poesía muerde y muy duro. En mi caso particular, vivo la poesía en una dimensión corpórea, telúrica, visceral. Entendí que debemos integrar cabeza y cuerpo. Estamos fragmentados. Las prisas de la modernidad nos desbocan, nos disocian. La poesía ha significado en mi proceso personal una sacudida, una reflexión, la invitación a estar atenta. Por ello, necesito conectarla con mi exploración en la actuación. Las artes son membranas permeables. Es inevitable la transversalidad. 

-Uno de sus poemas, «Asfixia», dice: «¿Cuánto nos costó el silencio?» De alguna manera, la escritura y la poesía son una forma del silencio. 

Podría pensar que la poesía es el silencio en sí mismo. También el secreto que nos invoca y nos narra, en lo entrañable, como el mito. O puede ser un puñado de polvo sin forma que grita y que ritualiza las ofrendas de nuestras fiebres. 

-En una entrevista, el poeta Ronny Someck me dijo: «La poesía puede tener muchos colores, pero existe uno que los poetas aún no hemos descubierto.» Su poemario se titula Añil, ¿para Ud. es el único color que representa a la poesía? 

Añil es de los pigmentos naturales más antiguos que sostiene una tradición mística, reflexiva. Es una huella primordial. Pero no es el único color de la poesía, al menos no en mi caso. Seguimos buscando señales que nos enmarque en lo concreto o que, al contrario, nos liberen en lo efímero. Pero la poesía consigue sus propios caminos para decirse: una temperatura, una tonalidad, una textura o un sabor especial. 

 -¿Cómo es la ventana por donde mira Amarú Vanegas?

 -Mi ventana es un espejo roto en muchos pedazos, cada fracción puede mostrar un rostro distinto.

El Universal

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